VICTIMIZACIÓN Y MIEDO AL CRIMEN EN LATINOAMÉRICA: ¿CÓMO SE RELACIONAN CON EL BIENESTAR SUBJETIVO?

Victimization and fear of crime in Latin America, how they are related to subjective well-being?

Javier Reyes-Martínez[1]

Recibido: 1 de junio de 2021
Aceptado: 22 de septiembre de 2021

Resumen

A pesar del avance económico y social en la región de Latinoamérica en la última década, las tasas de violencia, delincuencia y victimización continúan incrementando y con ello, el número de víctimas. A pesar de esto, poco se han estudiado las repercusiones de la victimización en el bienestar subjetivo. Por ello, el propósito de la presente investigación es identificar la relación entre victimización y el miedo a la victimización con la satisfacción con la vida, componente del bienestar subjetivo, en el contexto latinoamericano. Mediante un análisis de regresión logística ordinal, y empleando los datos del Latinobarómetro 2018 (N=20204), se revisó dicha relación. Los resultados indicaron que ser víctima primaria del crimen y experimentar temor al crimen están asociados negativamente con la satisfacción con la vida. Por otro lado, las experiencias de agresión secundaria se relacionaron positivamente. Por último, haber sufrido una agresión primaria en el último año y ser víctima secundaria del crimen no reportaron asociación estadística. Estos resultados diferenciados de los efectos de la victimización tienen implicaciones en la política pública, así como en el diseño de programas e intervenciones dirigidas a la atención de víctimas.

Palabras clave: Victimización, miedo al crimen, bienestar subjetivo, Latinoamérica

Abstract

Despite the economic and social progress in the Latin American region in the last decade, the rates of violence, crime, and victimization continue to increase and with it, the number of victims. In spite of this, the repercussions of victimization on subjective well-being have been little studied. Therefore, the purpose of this research is to identify the relationship between victimization and fear of victimization with life satisfaction, a component of subjective well-being, in the Latin American context. Through an ordinal regression analysis, and using data from the Latinobarometer 2018 (N = 20204), this relationship was reviewed. The results indicated that being a primary victim of crime and experiencing fear of crime are negatively associated with life satisfaction. On the other hand, the experiences of secondary aggression were positively related. Finally, having suffered a primary assault in the last year and being a secondary victim of the crime reported no statistical association. These differentiated results from the effects of victimization have implications for public policy, as well as for the design of programs and interventions aimed at supporting victims.

Key words: Victimization, fear of crime, subjective well-being, Latin America

Cómo citar

Reyes-Martínez, J. (2021). Victimización y miedo al crimen en Latinoamérica: ¿Cómo se relacionan con el bienestar subjetivo?. Intervención, 11(1), 51-76.

1. Introducción

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, 2011), el bienestar es un concepto importante en la vida de las personas y una idea clave para los diseñadores de políticas en la asignación de recursos públicos (Galloway et al., 2006). Sin embargo, en la idea de bienestar aún persisten varias dificultades conceptuales. Debido a esto, diversos investigadores emplean el concepto de bienestar subjetivo —es decir las respuestas subjetivas de los individuos a las condiciones objetivas (Helliwell & Putnam, 2004)— como elementos observables del bienestar (Daykin et al., 2018; Stiglitz, Sen & Fitoussi, 2009). En ese sentido, algunas de las dimensiones citadas del bienestar subjetivo (satisfacción con la vida, felicidad, emociones positivas y negativas) se han utilizado como aspectos que ayudan en su medición y evaluación (Diener & Suh, 1997; Stiglitz, Sen & Fitoussi, 2009). La satisfacción con la vida, una de las dimensiones más utilizadas en la investigación, se define como los valores y preferencias de los individuos desde su propia mirada (Dockery, 2011).

En el caso latinoamericano una multitud de factores se han asociado con la percepción del bienestar subjetivo (v.g., salud, educación, empleo, género, entre otros) (por ejemplo, Rojas, 2020). Sin embargo, los efectos de la seguridad personal, la violencia y el miedo al crimen en el bienestar han sido poco estudiados.

Desde comienzos de este siglo, en América Latina se han observado importantes avances en el crecimiento económico, disminución de los índices de pobreza y aumento en el acceso a la salud y la educación (Jaitman, 2017). Sin embargo, las tasas de violencia, delincuencia y victimización continúan incrementando (Villa-Mar et al., 2020). Esto sugiere que el creciente número de víctimas es uno de los problemas más centrales y urgentes de la región (Muggah & Aguirre, 2018) (ver Tabla 1).

Si bien América Latina representa cerca del 8% de la población mundial, el 33% de los homicidios en el mundo se cometen en esta región (Muggah & Aguirre, 2018). Esta situación la califica como la región global más violenta (Jaitman, 2017) (ver Tabla 1). Para muchos investigadores del fenómeno, el elevado número de víctimas es resultado del contexto de violencia criminal sistemática y generalizada derivado tanto de varios factores socioeconómicos y políticos (por ejemplo, pobreza, ingreso, educación y corrupción), como las políticas públicas fallidas en seguridad (Romero Ortiz, Loza López & Machorro Ramos, 2013). Desafortunadamente, se espera que el número de homicidios y de víctimas aumente a 39,6% por cada cien mil habitantes para el 2030 (Muggah & Aguirre, 2018).

Tabla 1.

Tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes, por región, por periodos

Región

2000-03

2004-07

2008-11

2012-15

Diferencia

2000-2015

África

13.81

7.34

6.10

10.38

-3.43

Asia

4.21

4.49

3.11

2.98

-1.23

Europa

2.58

2.34

2.26

2.38

-0.20

Oceanía

3.99

3.86

3.31

1.75

-2.24

América

14.76

17.69

20.84

21.70

6.94

Promedio global

7.95

8.26

7.94

11.30

3.35

Fuente: Adaptado de Muggah y Aguirre (2018).

Respecto a las víctimas, en 2016, el 36% de los latinoamericanos reportaron ser víctimas de delitos (Muggah & Aguirre,m 2018). Los países con mayor proporción de víctimas en la región fueron Venezuela (48%), México (46%) y Argentina (41%). Esta tendencia al incremento del número de víctimas se encuentra presente en otras encuestas internacionales y regionales (Latin America Public Opinion Project, n.d.).

En general, la victimización puede categorizarse en primaria o directa, vicaria o indirecta y contextual. En la victimización primaria, los individuos indican haber sido víctimas de un delito de forma personal o directa (Dammert & Luneke, 2003; Schedler, 2016). En la victimización secundaria o indirecta, los individuos experimentan el trauma a través de una red social o familiar cercana (Peterson, 2010). En el caso de la victimización contextual, las víctimas son aquellas personas que atestiguan hechos violentos, pero no sufren los efectos directos ni ellos ni sus allegados (Avendaño et al., 2020).

La victimización, independientemente de su naturaleza, ha sido relacionada con afectaciones en el comportamiento personal (Doering & Baier, 2016), satisfacción con la vida (Hanslmaier, Kemme & Baier 2016), bienestar general (Di Tella, MacCulloch & Ñopo, 2008), salud física y mental (Muratori & Zubieta, 2013), fragmentación de la vida familiar y comunitaria (OECD, 2011), pérdida de capital social (Graham & Chaparro, 2011), además de los costos económicos (IEP, 2019).

A pesar de estas consecuencias, una revisión de la literatura muestra un conocimiento impreciso sobre las experiencias de victimización y su impacto en el bienestar subjetivo y en la satisfacción con la vida. Por tanto, considerando la incidencia y prevalencia de víctimas en Latinoamérica, sería de primordial preocupación ahondar en los efectos específicos que la victimización trae sobre las víctimas del delito (Dammert & Luneke, 2003; Ley 2019). Esto tendría importantes implicaciones en el diseño de las políticas públicas, y en la formulación y manejo de programas orientados a la atención de víctimas, así como intervenciones propuestas para la restauración de la calidad de vida y el bienestar. Asimismo, un conocimiento más profundo del tema ayudaría a entender mejor los mecanismos de la victimización en el contexto del Sur Global, particularmente en aquellas zonas donde la violencia es aún más aguda.

Dado lo anterior, el propósito de esta investigación es identificar la relación entre las experiencias de victimización y el miedo a la victimización con la satisfacción con la vida, un componente del bienestar subjetivo, en el contexto latinoamericano. Para ello, se intentará responder a la pregunta (1) ¿De qué forma se encuentran asociadas victimización y bienestar subjetivo en Latinoamérica? Igualmente, (2) ¿otras formas específicas de victimización (victimización primaria y secundaria) se relacionan de la misma forma o en diferente manera con el bienestar subjetivo? Además (3) ¿el miedo a ser víctima de qué manera se encuentra relacionado con el bienestar subjetivo?

2. Revisión de la literatura

La victimización representa un episodio o los efectos relacionados con un evento traumático delictivo (Green, Choi & Kane, 2010). La intencionalidad es la razón por la que la mayoría de las víctimas sufren un impacto psicológico significativo (Echeburúa & Corral, 2007), que es difícil de procesar desde el punto de vista emocional (Averdijk, 2011) y desencadena una amplia gama de reacciones que varían entre las víctimas. Estas respuestas oscilan desde emociones negativas (por ejemplo, miedo intenso, ira, depresión) a emociones positivas (por ejemplo, conductas que favorecen la socialización) (Echeburúa & Corral, 2007).

Un concepto relacionado con la victimización es el temor o miedo al crimen, que puede ser definido como la “ansiedad por la propia seguridad o la propiedad personal. El miedo al crimen se experimenta en situaciones reales de peligro, así como ante peligros potenciales. Esto genera una anticipación (que puede no ser real) de una posible victimización” (Amerio & Roccato, 2007:92). La percepción sobre la seguridad (o inseguridad) también resulta relevante en el contexto de violencia. Esta se refiere a “un estado fluido pero persistente que constituye una confluencia de percepciones, valoraciones, sensaciones, emociones y preocupaciones que emergen en la relación entre el individuo y su entorno material, social y simbólico” (Amerio & Roccato, 2007:91).

A pesar de estas definiciones, para diversos autores aún persiste la falta de un conocimiento detallado sobre las consecuencias de la victimización y su percepción en la satisfacción con la vida, el equilibrio afectivo o la felicidad (Martínez-Ferrer et al., 2016), todos componentes del bienestar subjetivo. Esta falta de investigación es especialmente notoria en los países de bajos ingresos (Cordeiro et al., 2020).

Sin embargo, existen algunos estudios que ilustran la importancia del tema. Para ciertos investigadores, la victimización puede tener un impacto negativo en todos los indicadores de satisfacción relacionados con el bienestar subjetivo (Cordeiro, Kwenda & Ntuli, 2020), el bienestar psicológico y la satisfacción con la vida (Graham & Chaparro, 2011; Hanslmaier, Kemme & Baier, 2016), o estar relacionada con las emociones positivas y las emociones negativas (Di Tella, MacCulloch & Ñopo, 2008).

Estas relaciones están moderadas por varios factores, como la adaptación a la delincuencia, la pertenencia a un grupo vulnerable o la tasa delictiva del país, el lugar de residencia, tipo o expresión de la experiencia, o ingresos (Graham & Chaparro, 2011; Di Tella, MacCulloch & Ñopo, 2008). Otros investigadores señalan que el alcance del daño psicológico de un episodio de victimización se moldea a partir de la duración de dicho episodio (Moser, 1992), la participación de un agente en particular (por ejemplo, un miembro de la familia es el victimario) (Frieze, Newhill & Fusco, 2020), la severidad e intensidad del evento, la naturaleza inesperada del evento, la lesión física, el grado de riesgo, la vulnerabilidad real o percibida, la concurrencia de otros problemas actuales o pasados, la red de apoyo social y los recursos individuales de afrontamiento (Echeburúa & Corral, 2007:375). Más específicamente, los delitos de daño personal y de contacto (es decir, aquellos que tienen un componente cara a cara) tienen efectos más graves y duraderos en el bienestar de las personas (OECD, 2011:240), en comparación con los que no lo tienen (como delitos de cuello banco). Además, la reacción a los eventos traumáticos también se configura de acuerdo con algunos factores como el género, la raza y la etnia, los aspectos de la personalidad y los factores de riesgo en el entorno como la pobreza (Frieze, Newhill & Fusco, 2020).

En resumen, una revisión de la literatura descubre una limitada exploración de los efectos de la victimización real y potencial en diversos campos y áreas. Entre esos se cuenta la relación entre victimización y las dimensiones del bienestar subjetivo (por ejemplo, la satisfacción con la vida), particularmente en el contexto de las poblaciones de América Latina.

3. Perspectiva teórica

Este estudio emplea las teorías de la adaptación psicológica para informar las preguntas de investigación, así como para interpretar los hallazgos del análisis estadístico.

La proposición principal del conjunto de teorías de la adaptación psicológica es que “los eventos vitales positivos y negativos tienen sólo efectos transitorios, y las personas reanudarán su nivel anterior de bienestar subjetivo” (Janssen, Oberwittler & Koeber, 2020). En otras palabras, la adaptación describe la capacidad de ajuste y aceptación; es decir, define un proceso de recuperación tras un contratiempo (Heyink, 2016).

En el proceso de adaptación, las situaciones pueden tener un efecto sobre el bienestar subjetivo personal. La adaptación sucede a través de diferentes formas, dando como resultado el nivel habitual de bienestar del individuo (Heyink, 2016). Tal proceso implica la presencia de cuatro componentes o pasos principales: 1) la experiencia de eventos inexplicables o inusuales; 2) una reacción emocional a estos eventos; 3) el intento de explicar estos eventos y 4) la adaptación a dichos eventos (Wilson & Gilbert, 2008). Después de dicho proceso, el bienestar podría volver a su nivel "normal" o base. En última instancia, esto dependerá de las diferentes estrategias empleadas por los sujetos.

En la literatura es posible observar tres principales estrategias de adaptación: (a) cambios en los criterios intrapsíquicos, (b) reconstrucción cognitiva, y (c) percepción del tiempo futuro. El cambio de criterios intrapsíquicos se refiere a cómo se percibe un evento, tanto positiva como negativamente. Algunas de las respuestas más comunes en el cambio de sistemas internos suelen ser la habituación, contraste, comparación social descendente y el cambio de respuesta (Heyink, 2016).

Por otra parte, la reconstrucción cognitiva indica mecanismos de adaptación donde el individuo crea teorías, explicaciones y valoraciones de eventos o situaciones (Heyink, 2016). Algunas respuestas comunes en la reconstrucción cognitiva son la defensa, ilusiones o "engaños" cognitivos y el embotamiento (Heyink, 2016).

La percepción del tiempo futuro se refiere a una categoría específica de reconstrucción cognitiva que proyecta pensamientos y soluciones hacia el futuro, contrario a las estrategias anteriores que se centran en el pasado y el presente. Entre las estrategias en la percepción del tiempo futuro están las ilusiones, el optimismo, la esperanza y el arrepentimiento anticipado de la decisión (Heyink, 2016).

Estos mecanismos de adaptación pueden ser moderados por varios factores, entre ellos (a) el entorno social y el apoyo social, (b) el tiempo, (c) un nivel previo de bienestar y el efecto techo, (d) expectativas, (e) situación de salud mental, y (f) rasgos de personalidad, así como la (g) disposición individual (Heyink, 2016).

En cuanto a las víctimas, la evidencia empírica muestra adaptaciones en las experiencias de victimización que resultan en la falta de efectos perjudiciales sobre el bienestar de las víctimas, o en la eventual transformación de la percepción del malestar (Hanslmaier, Kemme & Baier, 2016; Janssen, Oberwittler & Koeber, 2020). Según los estudiosos del tema, los individuos pueden adaptarse mejor a unas circunstancias que a otras (Wilson & Gilbert 2008). La adaptación dependerá principalmente del tipo de experiencia. Por ejemplo, la adaptación puede ser más lenta en la victimización por daños a la propiedad en comparación con la victimización por la delincuencia (Janssen, Oberwittler & Koeber, 2020).

En este estudio, la experiencia de eventos inexplicables y las reacciones emocionales a ellos (es decir, la victimización auto-percibida) influye en las emociones y en la satisfacción de las personas (es decir, el bienestar subjetivo). La adaptación a estos eventos conducirá a un mejor o peor bienestar. Teniendo esto en cuenta, la pregunta principal de investigación, es decir, la asociación entre victimización y bienestar subjetivo podría estar informada por las teorías de la adaptación psicológica.

4. Hipótesis

Considerando las preguntas de investigación, y con fundamentos en la revisión de la literatura y las premisas teóricas, la hipótesis general para este estudio es: (1) la victimización auto percibida se encuentra negativamente asociada con la satisfacción con la vida (una dimensión del bienestar subjetivo) en Latinoamérica.

Respecto a las preguntas secundarias, las hipótesis son: (2) la victimización (agresión y victimización por crimen) primaria y secundaria se relacionan negativamente con la satisfacción con la vida, y (3) el miedo a ser víctima se encuentra negativamente relacionado con la satisfacción con la vida.

5. Métodos y materiales

5.1. Base de datos y técnica de recolección de datos

Para la presente investigación, se empleó la encuesta Latinobarómetro 2018, un estudio internacional de opinión pública que anualmente recolecta datos de dieciocho países latinoamericanos. Usualmente, Latinobarómetro incluye temas como la percepción de la democracia, economía, clase social, tecnología y agenda internacional, entre otros temas. Los datos de esta edición se recopilaron entre junio y agosto del 2018.

5.2. Características de la Muestra

En Latinobarómetro 2018 se aplicaron 20,204 entrevistas cara a cara, con muestras representativas de la población nacional de cada país (entre 1,000 y 1,200 casos por país), con un margen de error de alrededor del 3%, en general.

El procedimiento de muestreo fue probabilístico y polietápico. La muestra fue autoponderada para lograr representatividad.

Los siguientes datos describen algunas de las características de la población en la encuesta. La proporción entre mujeres y hombres es de 52.1% y 47.9%, respectivamente. En cuanto a la edad, el rango es de 16 a 100 años y la media es de 40.5 años (desviación estándar = 16.5). En educación, el 57.6% de los entrevistados indicaron haber completado educación básica o menor, el 21.9% indicó tener educación técnica o menor, y el 10.3% señaló contar con educación superior o más.

5.4. Datos faltantes

Las variables utilizadas en el análisis reportan un 1.34% de datos faltantes, en promedio. En las pruebas realizadas aquí, estos datos se omiten.

5.5. Variable dependiente

En este estudio la variable dependiente es la satisfacción con la vida, una de las dimensiones más citadas del bienestar subjetivo (ver Diener & Suh, 1997). La satisfacción con la vida incluye una evaluación u observación de los valores y preferencias de los individuos desde su propia perspectiva (Dockery, 2011). En la encuesta, la variable de satisfacción con la vida es evaluada a través de la pregunta “en términos generales, ¿diría usted que está satisfecho con su vida? ¿diría usted que está…?”. Esto resulta en una variable de tipo ordinal con cuatro categorías de satisfacción: 1) Para nada satisfecho, 2) No muy satisfecho, 3) Bastante satisfecho y 4) Muy satisfecho.

5.6. Variables independientes

Las principales variables independientes en este estudio son experiencias de agresión primaria, victimización primaria del crimen, agresión secundaria, y victimización secundaria del crimen. Todos estos indicadores dicotómicos preguntan al entrevistado si él o ella, o parientes, vivieron en los últimos doce meses asaltos, agresión o fueron víctimas de delitos o no (Sí=1, No=0).

El análisis también incluye un indicador relacionado con el temor a ser víctima del delito. Este indicador pregunta con qué frecuencia sintió el entrevistado temor de ser víctima de un delito con violencia en los doce últimos meses, si nunca (0), ocasionalmente (2), algunas veces (3), o todo o casi todo el tiempo (4).

De igual forma se incorporaron, a modo de variables de control, otros indicadores que han sido usualmente asociados en la literatura con el bienestar subjetivo. Entre ellos, se encuentran sexo (hombre y mujer), grupo etario (de 16 a 15 años, de 26 a 40, de 41 a 60, y de 61 o más años), nivel de educación (básica y menos, secundaria o menor, y superior o mayor), estado civil (casado o en unión libre, soltero, separado, divorciado o viudo) y empleo (ocupado o no ocupado). Como indicador económico, el total de bienes, que indica la cantidad de bienes materiales disponibles de un total de catorce (entre ellos, una vivienda donde los padres tienen una habitación distinta de los hijos, casa propia, computador, lavadora, teléfono de red fija, teléfono celular o móvil, auto, agua caliente de cañería, alcantarillado, al menos una comida caliente al día, agua potable, smartphone, conexión a internet en el hogar, y calefacción o aire acondicionado).

5.7. Técnicas de análisis

A fin de analizar la relación entre satisfacción con la vida y los indicadores de experiencias violentas y criminales, se llevaron a cabo diversos tipos de pruebas. Primero, se ejecutaron análisis descriptivos de acuerdo con el tipo de medición (categórica o escalar) a fin de observar la distribución de cada variable —media, desviación estándar, varianza, curtosis y asimetría. Segundo, se realizó un análisis de regresión ordinal (logit), dado el nivel de medición de la variable dependiente. Adicionalmente, se calcularon los correspondientes odds ratio, a fin de identificar la probabilidad de ocurrencia de las experiencias analizadas. El modelo estadístico se compone de la variable dependiente (satisfacción con la vida) y las variables independientes (las variables principales y de control).

También se emplearon otras pruebas para agregar robustez a los resultados, como el cálculo del factor de inflación de la varianza (FIV) para revisar situaciones de multicolinealidad, además de la prueba de Wald para evaluar el rol de las variables independientes en el modelo.

6. Resultados

Los resultados del análisis descriptivo de las variables muestran que un amplio porcentaje de entrevistados se califican como bastante satisfechos (38.5%) o muy satisfechos (35.8%). Por el contrario, una menor proporción de personas reportan haber sido víctimas de una agresión o del crimen (menos del 25%). En contraste, el miedo a ser víctima tiene mayor presencia: más del 80% de los entrevistados asegura haber experimentado temor. La Tabla 2 resume estos y otros datos relevantes de la distribución de las variables seleccionadas.


Tabla 2

Estadísticas descriptivas para variables dependiente e independientes

Variables categóricas

Frecuencia

Porcentaje

Satisfacción con la vida

Para nada satisfecho

995

4.96

No muy satisfecho

4,157

20.73

Bastante satisfecho

7,716

38.48

Muy satisfecho

7,184

35.83

Agresión primaria

No

17,164

86.10

Si

2,771

13.90

Víctima primaria del crimen

No

17,794

89.95

Si

1,988

10.05

Agresión secundaria

No

15,119

75.84

Si

4,816

24.16

Víctima secundaria del crimen

No

16,193

81.86

Si

3,589

18.14

Temor a ser víctima

Nunca

3,102

15.53

Ocasionalmente

3,222

16.14

Algunas veces

5,481

27.45

Todo el tiempo

8,164

40.88

Sexo

Hombre

9,696

47.99

Mujer

10,508

52.01

Edad

16 a 25 años

4,560

22.57

26 a 40

6,568

32.51

41 a 60

6,072

30.05

61 y más

3,004

14.87

Educación

Básica y menos

7,163

35.45

Secundaria, media, técnica y menos

8,438

41.76

Superior o más

4,603

22.78

Estado civil

Casado/Unión libre

10,594

52.60

Soltero

7,269

36.09

Separado/Divorciado/Viudo

2,279

11.31

Empleo

Sin empleo

8,165

40.41

Ocupado

12,039

59.59

Variable escalar

n

Prom

DS

Var

Obli

Curt

Min

Max

Total de bienes

19,484

8.30

3.12

9.74

-0.021

2.13

0

14

En la Tabla 3, se presentan los resultados del análisis de regresión ordinal. Para empezar, es posible observar que el modelo es estadísticamente significativo (p<0.001). Respecto a los diferentes coeficientes, de las variables de interés, ser víctima primaria del crimen (Coef.=-0.1495, OR= 0.8611, p<.01), agresión secundaria (Coef.=0.0950, OR=1.0996, p<0.05), y experimentar temor ocasionalmente (Coef.=-0.1912, OR=0.8259, p<0.001), algunas veces (Coef.=-0.2865, OR=0.7508, p<0.001) y todo el tiempo (Coef.=-0.4099, OR=0.6637, p<0.001), son estadísticamente significativas, aún en la presencia de las variables de control.

Por el contrario, haber sufrido una agresión primaria en el último año (Coef.=-0.0160, OR=0.9841) y ser víctima secundaria del crimen no reportan ser significativas (Coef.=-0.0015, OR=0.9985).


Tabla 3

Resultados de la regresión ordinal (logit)

Variables independientes

Coeficiente

OR

Error Stand.

p>z

[95% Int. Confianza]

Agresión primaria, si a

-0.0160

0.9841

0.0500

0.749

-0.114

0.082

Víctima primaria del crimen, si a

-0.1495

**

0.8611

0.0571

0.009

-0.262

-0.038

Agresión secundaria, si a

0.0950

*

1.0996

0.0396

0.017

0.017

0.173

Víctima secundaria del crimen, si a

-0.0015

0.9985

0.0445

0.973

-0.089

0.086

Temor, ocasionalmente b

-0.1912

***

0.8259

0.0492

0.000

-0.288

-0.095

Temor, algunas veces b

-0.2865

***

0.7508

0.0440

0.000

-0.373

-0.200

Temor, todo el tiempo b

-0.4099

***

0.6637

0.0422

0.000

-0.493

-0.327

Sexo, Mujer c

0.0648

*

1.0669

0.0285

0.023

0.009

0.121

Edad, 26 a 40 años d

-0.1790

***

0.8361

0.0395

0.000

-0.256

-0.102

Edad, 41 a 60 años d

-0.4318

***

0.6493

0.0422

0.000

-0.515

-0.349

Edad, 61 y más años d

-0.4743

***

0.6223

0.0516

0.000

-0.575

-0.373

Educación, secundaria o menor e

-0.0651

0.9369

0.0338

0.054

-0.131

0.001

Educación, superior o más e

0.1858

***

1.2041

0.0423

0.000

0.103

0.269

E. civil, soltero f

0.0209

1.0421

0.0322

0.517

-0.042

0.084

E. civil, separado/divorciado/viudo f

-0.1145

*

0.8917

0.0462

0.013

-0.205

-0.024

Total de bienes

0.0413

***

1.0421

0.0050

0.000

0.032

0.051

Empleo, ocupado g

-0.0177

0.9824

0.0302

0.559

-0.077

0.042

/cut1

-3.1418

-3.1418

0.0717

-3.282

-3.001

/cut2

-1.2301

-1.2300

0.0656

-1.359

-1.101

/cut3

0.4584

0.4584

0.0650

0.331

0.586

N

18711

p

0.000

pr2

0.002

ll

-22390.27

chi2

505.71

aic

44820.55

bic

44977.29

Nota. OR) Odds ratio. Coeficientes en comparación con (a) no, (b) nunca haber sentido temor, (c) hombre, (d) de 16 a 25 años, (e) básica y menos, (f) casado/unión libre, (g) sin empleo

* p<0.05, ** p<0.01, *** p<0.001

Respecto a las variables de control, es posible observar en la Tabla 3 que aquellas que en la literatura han sido relacionadas con una mayor satisfacción con la vida, en este estudio también se encuentran vinculadas. Por ejemplo, ser mujer (Coef.=0.0648, OR=1.0669, p<0.05); la edad (p<0.001); tener educación superior (Coef.=0.1858, OR=1.2041, p<0.001); estar soltero, viudo o divorciado (Coef.=-0.1145, OR=0.8917, p<0.05) y el total de bienes materiales (Coef.=0.0413, OR=1.0421, p<0.001) son todas variables que se encuentran asociadas de forma estadísticamente significativa con la satisfacción con la vida. Por el contrario, el estar ocupado no resultó estadísticamente significativo (Coef.=-0.0177, OR=0.9824).

Respecto a la robustez del modelo, se calculó el factor de inflación de la varianza (FIV) que resultó <4, lo que indica la ausencia de problemas de multicolinealidad. Finalmente, el resultado de la prueba de Wald mostró que el conjunto de variables independientes en el modelo es estadísticamente significativo (chi2 [12]= 250.71, Prob > chi2 = 0.0000).

7. Discusión

El análisis de los datos de Latinobarómetro 2018 sugiere que existe una relación entre la satisfacción de la vida (un componente del bienestar subjetivo) con algunas experiencias de victimización, así como con el temor a ser víctima del crimen. Los hallazgos muestran que ser víctima primaria del crimen, haber sufrido agresión de forma secundaria, así como sentir temor ocasionalmente, algunas veces y todo el tiempo están vinculados con la satisfacción con la vida. Es decir, la presencia de estas experiencias está relacionada con cambios en la satisfacción de los individuos. Sin embargo, es importante hacer notar que estos procedimientos no son en ningún caso prueba de causalidad y que la asociación podría ser bidireccional. En ese sentido, la revisión de literatura y las premisas teóricas podrían orientar hacia un mayor entendimiento de la relación.

Para algunos autores, en efecto, en Latinoamérica las experiencias de victimización se encuentran asociadas con el bienestar subjetivo y sus componentes, en este caso, con la satisfacción con la vida (Martínez-Ferrer et al., 2016; Rojas, 2020). Esto es que usualmente la victimización ha sido relacionada con un impacto negativo en diversos indicadores de satisfacción (Cordeiro, Kwenda & Ntuli, 2020), como el bienestar psicológico y la satisfacción con la vida (Graham & Chaparro, 2011; Hanslmaier, Kemme & Baier, 2016). Por su parte, también se ha relacionado negativamente con las emociones positivas y positivamente con las emociones negativas (Di Tella, MacCulloch & Ñopo, 2008). Sin embargo, al contrario de la evidencia previa, en este análisis no todas las variables estudiadas mostraron una asociación negativa con la satisfacción con la vida, o, en algunos casos, ni siquiera una asociación estadísticamente significativa.

En específico, mientras que ser víctima primaria del crimen y haber experimentado temor ocasionalmente, algunas veces y todo el tiempo están asociadas negativamente con la satisfacción con la vida, experiencias de agresión secundaria muestran una relación positiva. Es decir que aquellos individuos que reportan haber experimentado a través de familiares una agresión, tienen mayores probabilidades de estar en una categoría de satisfacción con la vida más alta o, en otras palabras, a estar más satisfechos. Igualmente, haber vivido una agresión primaria y ser víctimas secundarias del crimen no mostraron ninguna relación estadística, por lo que se podría deducir que estos actos no conducen a una pérdida o incremento en la satisfacción con la vida.

Estos resultados, que en la literatura no suelen referenciarse, indican (a) la presencia de efectos variados en las víctimas ante diferentes formas de victimización y percepción del crimen (Reyes-Martínez, 2021), así como (b) una falta de conocimiento específico sobre las experiencias de victimización en Latinoamérica (Cordeiro et al., 2020).

Sobre estas consideraciones, otros factores (no observables en este estudio) podrían modificar o afectar las respuestas que las víctimas tienen ante los actos de violencia o ante la percepción de la misma, ya sea tanto en un sentido positivo como negativo. En ese sentido, varios autores señalan que la adaptación a la delincuencia, la pertenencia a un grupo vulnerable, la tasa delictiva del país, el lugar de residencia, el tipo o expresión de la experiencia, el nivel de ingresos, la severidad e intensidad del evento, la naturaleza inesperada del evento, la lesión física, el grado de riesgo, la vulnerabilidad real o percibida, la red de apoyo social y los recursos individuales de afrontamiento (Echeburúa & Corral, 2007; Graham & Chaparro, 2011; Di Tella, MacCulloch & Ñopo, 2008; Moser, 1992), son todos aspectos que modulan la respuesta ante una experiencia de victimización. Por tanto, producen resultados distintos en cada caso o situación.

Otra manera de entender la asociación positiva entre agresiones secundarias y un mayor nivel de satisfacción con la vida puede ser a través del uso de algunos componentes de las teorías de adaptación psicológica. De acuerdo con estas aproximaciones, las situaciones, sean positivas o negativas, tienen efectos temporales, por lo que los individuos eventualmente retornarán a niveles previos de bienestar subjetivo, independientemente de lo que les ocurra (Janssen, Oberwittler & Koeber, 2020). Esto se puede explicar de acuerdo con el uso de diversos mecanismos o estrategias de adaptación.

Desde esta perspectiva, los individuos podrían haber empleado herramientas intrapsíquicas que remiten a cambios en la percepción de los eventos. Por ejemplo, la habituación indica que los contextos agradables y desagradables pierden gradualmente sus efectos. También, una estrategia de contraste, es decir, cómo situaciones de la vida cotidiana adquieren nuevos valores y dimensiones podrían informar algunos de los hallazgos presentados aquí. Por último, la comparación social descendente, es decir, la evaluación de la propia situación como más positiva en comparación con otras en peores condiciones, puede también ser una respuesta obvia en el sistema de criterios internos (Heyink, 2016) y, por tanto, de la adaptación de los individuos.

De igual manera, habría que hacer notar que el proceso de adaptación psicológica a los eventos inusuales puede estar mediado o moderado por varios factores. Por ejemplo, para Heyink (Adaptation and Well-Being, 2016), aspectos como el entorno social, el apoyo social, el tiempo, el nivel previo de bienestar, las expectativas individuales, la salud mental y los rasgos de personalidad, son todos aspectos que modifican la percepción de lo vivido y que eventualmente pueden transformar la percepción del malestar (Hanslmaier, Kemme & Baier, 2016; Janssen, Oberwittler & Koeber, 2020) en algo positivo.

Respecto a los resultados nulos, la falta de relación estadística entre haber vivido una agresión primaria y ser víctimas secundarias del crimen con la satisfacción con la vida, provee evidencia de una postura poco respaldada en el campo. Para unos cuantos investigadores, debido a la inexistencia de evidencia suficiente, la victimización resultante del crimen no juega un rol relevante en el bienestar de los individuos o su felicidad (Ciocchini et al., 2010; Muratori & Zubieta, 2013). Esta posición, por supuesto, requiere ser estudiada con mayor profundidad.

Dado lo anterior, se puede aseverar que la hipótesis general, el que la victimización auto percibida se encuentra negativamente asociada con el bienestar subjetivo (en este caso, la satisfacción con la vida), no se cumple o se cumple parcialmente, pues los resultados del análisis estadístico no solo muestran un efecto positivo, sino, además, asociaciones nulas. Por las mismas razones, se puede asegurar que la hipótesis 2 se cumplió parcialmente. Por último, la hipótesis 3 se confirma, ya que el miedo a ser víctima se encontró negativamente relacionado con la satisfacción con la vida.

En resumen, los hallazgos del análisis aquí presentado hacen notar que las experiencias y la percepción de la violencia y el crimen puede tener distintos efectos, dependiendo de otros factores. Estos efectos pueden incluso ser positivos, de acuerdo con las herramientas cognitivas y emocionales que los individuos emplean (consciente o inconscientemente) para adaptarse a los sucesos.

8. Conclusiones

A partir de lo anterior, se pueden extraer varias conclusiones e implicaciones. En primer lugar, es posible observar que en el caso latinoamericano existe una relación entre diferentes formas de victimización y la satisfacción con la vida, uno de los componentes más estudiados del bienestar subjetivo. Esta relación, sin embargo, no es homogénea y sí muy variada. Mientras algunas experiencias de victimización reportan encontrarse negativamente asociadas con la satisfacción con la vida, otras presentan una asociación positiva, o incluso, ninguna relación. Esto, a diferencia de evidencia previa en otros contextos, señalan un carácter diferenciado de la relación victimización-bienestar subjetivo en Latinoamérica. Estas variaciones pueden explicarse por otros aspectos individuales y sociales que influyen en la manera en que los individuos reaccionan y actúan frente a la violencia.

En ese sentido, el marco de las teorías de adaptación psicológica puede ayudar a entender como algunos sujetos viven de peor o mejor manera las situaciones criminales o las agresiones. Las diferentes estrategias de adaptación empleadas por las víctimas, resultado de recursos emocionales y cognitivos y de la naturaleza del acto violento, parecen permitir un amplio rango de resultados e impactos en el bienestar. En otras palabras, si bien la victimización puede provocar consecuencias negativas en el bienestar, estas se verán matizadas por la capacidad de adaptación psicológica de la víctima.

Segundo, de forma más uniforme, el miedo a ser víctima se encontró relacionado de manera negativa con la satisfacción con la vida. Esto coincide con formulaciones previas sobre el rol de la percepción de la seguridad (e inseguridad), así como a la importancia que tienen estas apreciaciones en la calidad de vida. Habría que hacer notar que, considerando que en los datos aquí analizados el temor a ser víctima tiene una mayor frecuencia que ser realmente una víctima (tal como también se observa en otros estudios), el temor a ser víctima tendría un potencial mayor impacto en términos sociales, por lo que sus efectos no se pueden soslayar en el diseño de políticas públicas dirigidas a paliar los impactos de la violencia.

Justo es en el diseño de políticas públicas y programas donde se encuentran las principales implicaciones del presente estudio. Debe observarse que, a partir de la evidencia aquí presentada, en la atención a víctimas e intervenciones destinadas a las mismas debe existir un tratamiento diferenciado por tipo de victimización y experiencia vivida. Además, las intervenciones no deben abordar solo a aquellos que se autoperciben como víctimas, también a aquellos que experimentan temor a serlo. Intervenciones aún más específicas podrían ser dirigidas a la población general para minimizar los efectos constantes del miedo en el bienestar subjetivo, así como en sus diferentes dimensiones.

Otras implicaciones también se encuentran en términos académicos. Las particularidades de la victimización y sus efectos en el bienestar aún no han sido profundamente analizadas en contextos como el latinoamericano. Futuras investigaciones deberán intentar eliminar estas brechas, haciendo énfasis en los potenciales resultados diferenciados de las formas de victimización, los tipos de experiencias y los moduladores que participan en su percepción. Entender estos aspectos permitirá refinar explicaciones teóricas del fenómeno de acuerdo con cada situación.

9. Limitaciones

Este estudio presenta algunas limitaciones. Entre ellas, la naturaleza transversal de los datos que no permite realizar inferencias sobre la causalidad de la relación victimización y bienestar subjetivo. De la misma manera, el uso de datos secundarios limita las variables disponibles para el análisis, de tal manera que este solo se pudo llevar a cabo con los indicadores utilizados. De manera relacionada, un aspecto a considerar es que la base de datos usada, el Latinobarómetro, no es un instrumento especializado en los temas de victimización o en satisfacción de vida, por lo que algunas interpretaciones deberían tomarse en relación con esto.

A pesar de estas limitantes, el estudio muestra evidencia a nivel latinoamericano de los efectos diferenciados de la victimización en la satisfacción con la vida. Estos resultados, con implicaciones en la política pública y el diseño de programas e intervenciones, deben ser explorados con mayor detalle, en contextos aún más específicos.

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[1] Javier Reyes-Martínez, Ph.D. Boston College y Universidad Iberoamericana, srreyes@bc.edu o javier.reyes.academia@gmail.com